Si las ventas significan algo en el mundo de la sociología de la literatura, hay que saber que Catherine Millet vendió el doble de lo que vendió el fotógrafo y escritor Hervé Guibert, quien en 1990 conmovió a toda Francia con Al amigo que no me salvó la vida. Ese amigo que no le salvó la vida era Michel Foucault, el gran pope de la izquierda y de la intelectualidad francesa, y en esa novela de confesiones veladas Guibert relataba las sesiones de sadomasoquismo a las que acudía su amigo, los encuentros furtivos en los baños públicos de San Francisco y reveló, al fin, el secreto que muchos no le perdonarían que revelara: lo que mató a Michel Foucault fue el SIDA, la misma enfermedad que iba a matar a Guibert un año más tarde.
Y la misma enfermedad que empujó a Reinaldo Arenas a suicidarse en 1990. Dos años después apareció su novela autobiográfica Antes que anochezca, llevada a la gran pantalla en 2001 con una interpretación magistral de Javier Bardem en el papel protagonista y dirigida Julian Schnabel. En la novela Arenas revisa su vida en Cuba, desde su niñez en Holguín, su juventud en La Habana y su exilio en Nueva York, atendiendo siempre a su condición homosexual y a sus encuentros sexuales en playas, parques, burdeles, casas propias y ajenas y que cuenta por miles. En Cuba solo pudo publicar Celestino antes del alba (1967), antes de ser encarcelado por homosexual y anticastrista, llevado a campos de trabajo y condenado por el partido, la universidad y todo el mundo cultural revolucionario.
La misma provocación, el mismo ruido y la misma poesía tenía la escritura de Pedro Lemebel. El chileno, que murió el pasado mes de enero, llevó a cabo intervenciones poéticas y políticas durante la dictadura de Augusto Pinochet y la transición a la democracia, se enfrentó a la izquierda ortodoxa con su manifiesto Hablo por mi diferencia y formó junto a Francisco Casas el grupo de agitación gay ‘Yeguas del Apocalipsis', que aparecían en actos públicos con reivindicaciones a lo Femen.
El movimiento gay en América Latina fue contestatario, ruidoso y de nuevo calificado como porno. Así ocurrió con Lemebel, pero también con los argentinos Néstor Perlongher, Osvaldo Lamborghini o el dramaturgo Copi, quien se atrevió a poner en escena en marzo de 1970 a Evita Perón interpretada por un travesti. Su versión del mito peronista se representó en París, donde vivía el autor, y a los pocos días explotó una bomba en el mismo teatro de L'Epée de Bois donde actuaban, Copi recibió amenazas de muerte por su pieza teatral y la prohibición expresa de regresar a Argentina.
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